Sexto domingo después de Pentecostés
22 de Junio de 2008
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Genesis 21:8-21
Salmo 86:1-10, 16-17
Romanos 6:1b-11
Mateo 10:24-39
.......Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos....
.....Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí......
En mi país usted es mayor de edad cuando cumple 16 anos y me imagino que para algunos en esta sociedad americana, seria quizás ocasión de regocijo. Poder llegar tarde, fumar, tomar, todas aquellas cosas prohibidas, todo el espacio oscuro y intrigante por descubrir. Sin embargo, significaba también que existía la posibilidad de que me llevaran para el ejercito, a cumplir mi servicio militar obligatorio que entonces duraba tres años.
Y eso me llenaba de terror, aunque era hijo de militares y quizás por ello, no me gustaba el uniforme. Y había un problema mayor, cuando me llegara la bendita citación tenia que llenar el famoso cuentame-tu-vida (una planilla en papel tamaño periódico diario donde te hacían toda clase de preguntas personales) ademas de una entrevista personal con el reclutador.
Habían preguntas famosas, una de ellas era sobre religion. Yo hacia solo cinco años antes, procediendo de un hogar ateo, me habia hecho miembro de la Iglesia Episcopal. Pasó mi cumpleaños 16 y nada, y llegue a los diecisiete, y nada. Se me olvidaba por momentos que seria llamado en cualquier momento, pero la idea me regresaba a veces en una fiesta o paseando, o estudiando o trabajando.
Yo, como joven al fin, sin perspectiva de la historia, veía esa entrevista como una forma de muerte. Algo definitorio y decisivo, que habría de cambiar toda mi vida. Y por lo tanto, no sabría que seria después de la entrevista. Un humilde siete-pesos (que era lo que pagaba e ejercito a los reclutas por mes) o algo mas drástico y notorio. Quería perderme en el anonimato parcial de dos millones de habitantes en la Habana, pero parecía que la entrevista dichosa seria un partir de aguas, seria un Rubicón que habría de cruzar, sabia instintivamente que nada seria igual después. Era una experiencia de muerte del Juan, sin muchas preocupaciones, sin tener que tomar grandes decisiones, viviendo una vida flotante con la corriente a un Juan que tendría que pararme en mis propios pies y tomar decisiones responsables.
Me dije Jesús me esta negando en el cielo, como yo lo he negado a El en
la tierra. Pensé que mi vida estaría en peligro, que en cualquier
momento algo terrible habría de pasar, como castigo. Viví terrores como
solo los adolescentes lo saben vivir. Periodos oscuros, donde sabemos
cuando será el punto final, el punto de muerte, pero no conocemos que
es lo que pasará después , no sabemos si habrá un después. Que días de
angustia, no tenia con quien hablar de esto, nadie parecía comprensivo
de una situación tan especial, en un país oficialmente ateo un joven de
17 años preocupado por el castigo divino, por cuestiones de conciencia.
Vi una sola vez la Pasión de Cristo, y aunque tengo el DVD en casa, no
creo que pueda verla otra vez. La muerte en realidad no parece tan
mala, comparada con la pasión misma. El proceso de acercarse al punto
de muerte, ese caminar hasta el final, es mas duro que lo que a veces
creemos que podemos soportar.
Todos hemos experimentado esas pasiones personales, a todos nos
anunciado la muerte, se la física o la emocional, la muerte de lo que
uno esta acostumbrado. Como cuando anuncian a una mujer el resultado
positivo de su biopsia en las mamas, cuando esperas los resultados de
una prueba del VIH, cuando te encuentras desempleado, cuando te hayas
sin familia ni hogar, cuando el dinero se acaba. Quieres influenciar el
curso de los eventos y ves que nada parece funcionar. Queremos como
Jesús en el jardín de Getsemaní -que pase esa copa de nosotros- esa
copa de angustia, esa que nos hace sudar gotas como de sangre.
La respuesta de Jesús, no parece muy alentadora. ....Y el que no toma
su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí...... Estamos
acostumbrados que cada vez que pensamos en el amor, pensamos en cosas
rosadas, suaves, tiernas, casi nunca conectamos la fuerza con el amor.
Es cierto que la ternura y la suavidad es parte, pero no la única parte
del amor. A veces temo que hemos infantilizado el sentimiento. A veces
siendo fuertes es la única manera de amar. Jesús es buen ejemplo de la
fuerza como una demostración legitima del amor. Jesús tuvo su via
dolorosa, su via crucis. Su pasión.
Y nos manda a nosotros a abrazar con ambos brazos, como quien es
crucificado, doliendo, gozando y amando la totalidad de la vida que
tenemos delante. Siguiendo su ejemplo nos manda a redimir y tornar
nuestra propia y personal cruz, la pasión que estemos viviendo, es
decir la muerte que estemos sufriendo, la angustia que estemos pasando,
la impenetrable oscuridad de la existencia por la que transitemos, nos
invita siguiendo su ejemplo, de un instrumento de tortura en medio de
salvación abrazandola, apropiandola, aceptandola, cargandola.
El Via Crucis de Jesús, el camino de la cruz, tradicionalmente tal como
lo ha recibido la Iglesia es un camino de caídas y levantadas, de
negaciones y aceptación, de rechazo y dialogo, de dolor y pena, de fe y
fuerza, de coraje y confianza, de alivio transitorio de la sed -la
necesidad- y de muerte. También el camino de la cruz, es el camino a la
vida eterna, al gozo sin fin de vivir en la amistad de Jesús. La cruz
del calvario es la puerta a Dios, y esta abierta de par en par, el
precio del viaje ya pago, por la sangre de Jesús.
Como Jesús, cargar con nuestra cruz nos permite llegar a un nivel de realidad en nuestro dialogo con Dios. El mito de la autonomía se desvanece, nuestra prioridades se ajustan y solo tenemos paciencia para lo realmente importante. De repente todo lo que nos rodea se hace mas vivo y mas real. El olor de las flores, el abrazo cariñoso de un amigo, amistades dañadas que se sanan, todo se vuelve mas real y los que no los es desaparece.
Como Jesús, cargar con nuestra cruz nos da un nivel de credibilidad en nuestro andar con Dios. Solo el que sabe que la muerte no tiene dominio sobre nosotros no se desespera, exactamente , no pierde la esperanza. Este es el momento de la verdad, lo que hemos dicho creer por años es puesto a prueba en nuestro calvario personal. Este es el momento de caminar con la dignidad de un pueblo redimido adonde tengamos que ir, por difícil y terrible que sea. Nos rendimos al temor y terror o probamos que si, en la fuente bautismal volvimos a nacer como hijos y herederos del Dios Altísimo.
En el camino al Calvario Jesús le da autenticidad a sus palabras, en el camino de la cruz Jesús hace real a su persona, a sus milagros, a sus enseñanzas, San Pablo en la Primera Carta a los Corintios (15:12-14) nos dice, "Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”. No hay resurrección sin pasión y cruz. No hay Pascua sin Viernes Santo. En la cruz Jesús deja de ser solo un maestro con un grupo de enseñanzas para convertirse en Redentor.
En el camino al Calvario Jesús le da autenticidad a sus palabras, en el camino de la cruz Jesús hace real a su persona, a sus milagros, a sus enseñanzas, San Pablo en la Primera Carta a los Corintios (15:12-14) nos dice, "Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”. No hay resurrección sin pasión y cruz. No hay Pascua sin Viernes Santo. En la cruz Jesús deja de ser solo un maestro con un grupo de enseñanzas para convertirse en Redentor.
¿Se acuerdan de mi batallar con los formularios del ejercito en Cuba, de mi agonía adolescente? Después de haber llenado mi formulario, negando mi fe cristiana no fui llamado a filas por otro año mas, pero la notificación para llenar otra vez el dichosos formulario con sus peguntas peligrosas me llegó otra vez y después de mucho sudar en aquel cuarto sin aire acondicionado puse la verdad, que desde los once años Jesús es mi Salvador y Redentor, que lucho por conformar mi vida con sus enseñanzas, que amo a su Iglesia sacramento de su amor por el mundo. Casi enseguida fui llamado a entrar al ejercito. Así que aunque sabia que Jesús no me negaba en el cielo, por que yo no lo negué en la tierra, la copa de la agonía no paso de mi, tuve que beberla por seis largos meses llenos de problemas, sufrimientos, desafíos. Dios me dio los recursos para ser fuerte y cuando confrontado sobre mi fe, a los 19 años, Dios me dio también las palabras que decir.
.....Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí......
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