| Mutilacion, sal y un fuego que nunca se acaba |
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| escrito por Fr. Juan Quevedo-Bosch | |||||||
| Friday, 25 de September de 2009 | |||||||
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Décimo Séptimo domingo después de Pentecostés
Evangelio Marcos 9:38-50 ''Es mejor para usted entrar a la vida mutilado. . . "Jesús estaba en posesión de una justicia feroz que, francamente, nos deja consternados. Frente a ese texto, inmediatamente nos impulsa a buscar la manera de escapar de su juicio. Es evidente decimos, que Jesús estaba hablando en metáfora, es una forma de hablar. No es primera vez en los textos bíblicos que Jesús exagera al hablar, para dar un énfasis a sus palabras, para despertarnos de la siesta del pecado, de la auto-indulgencia, de los odios contenidos con la sonrisa amable, del desprecio por los demás que no nos agradan y que escondemos con habilidad en el apretón de la mano al darnos la paz. El pecado, esa disonancia con el ritmo de Dios, tiene mucha escuela, mucha habilidad a la hora de esconderse, de vestirse de virtud, de justificar, compensar, auto-realizar. Ciertamente Jesús no esta, literalmente, pidiendo que sus discípulos: nosotros entremos en la vida que El nos da como un montón de ciegos, mancos y cojos tropezando detrás de El en el proceso de seguirlo El reconocer en el texto de una cierta exageración es un consuelo transitorio, no dura mucho. Efectivamente, al hablar de pies y manos, para la cultura judía, al hablar de los pies y las manos estaba se hablando de nuestros hechos, al hablar de sacarse el ojo, se estaba hablando de lo que pensamos. Los cristianos sabemos que la mutilación física no es un remedio efectivo para el pecado, por que según el mismo Jesús, el origen del pecado esta adentro. De hecho tenemos más pecados que partes del cuerpo. Si se eliminaran todas las partes que han pecado, al final, simplemente seriamos torsos para apoyar la cabeza. Y ahí está el problema. Nuestros corazones y mentes están todavía intactas. Sin embargo, desde nuestros corazones y mentes saldrán todos nuestros pecados. Es casi universalmente reconocido que el lenguaje radical de Jesús era su forma metafórica de expresar su odio al pecado. Sin embargo, es precisamente la intención que hay detrás de la metáfora que nos crea problemas, no tanto el lenguaje. Para Jesús en su exageración se expresa abiertamente un sentimiento de ira divina al contemplar una y otra vez, el fracaso del propósito inicial de Dios en la creación. También su ira incluye su creciente impaciencia con sus discípulos que no acaban de comprender que el Reino no es de este mundo, que no hay tropas, ni guerra, ni fuerza que lo va a establecer, que la posición mas importante en el es estar clavado en una cruz. Que solo con la lealtad a Dios ahora, aun cuan doloroso sea el renunciar definitivamente a nuestro pecado de hechos y pensamientos ahora, nos evitaremos las penas del infierno mas tarde. Esto es precisamente lo que no computa con nuestra formación como clase media liberal del siglo XX. Bonhoeffer, el teólogo alemán que fue asesinado en un campo de concentración unos días antes de de la liberación, dijo que la iglesia moderna busca la "gracia barata". Es casi imposible no estar de acuerdo con su crítica. Queremos una salvación fácil y gratis. No queremos que nuestros estilos de vida sea perturbados por nuestra religión. Esperamos sinceramente que la gracia sea barata, y si es posible gratis. Si, creemos en la salvación universal, ya que es la única base sobre la cual que la inmensa mayoría de todos nosotros, de alguna forma remota puede esperar ser salvos. Aun así, sobre la base de un lodazal tan peligroso, tenemos los pantalones gumption de llamar a a Dios en el nombre de Jesús - el mismo Jesús quien nos amenaza con el infierno, donde "el gusano no muere y el fuego nunca se apaga". Por supuesto, le podemos dar la vuelta a la conversación sobre el infierno. El infierno era una parte de un esquema apocalíptico que también incluye el lenguaje literal acerca de los demonios, un fin sobrenatural inminente para el cosmos, etc; pero nosotros sabemos mucho mas ahora, por que somos gente moderna, con capacidad científica y por lo tanto no podemos reactivar imágenes medievales de la demonología y del infierno, mientras secretamente nos avergüenza la ignorancia de Jesús. De hecho la gente ve las cosas muy diferentes hoy día.
Jesús nos enseñó a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y hacer esto en términos de los clichés de la psicología popular. "Con el fin de amar al prójimo, primero hay que amarse a sí mismo". La horrible verdad es que Jesús hubiera sido un pésimo psiquiatra. Para Jesús, la fragilidad humana y la debilidad debe ser extirpadas, no ajustadas. Jesús está fuera de nuestro enfoque característico de la psicología y la ética, y se niega a entrar y nuestro problema es que no podemos estar de acuerdo con Jesús pero tampoco nos decidimos a abandonarlo. Sin embargo, Jesús habló en términos tan desesperados con el fin de destacar su indignación por una situación que empeora, al parecer sin remedio. Sin embargo, la fuerza de las palabras de Jesús atraviesa nuestros intentos modernos y liberales para mitigarlas. El hecho es que somos pecadores. Individualmente y corporativamente, como comunidad, somos todo lo que las confesiones de pecados de nuestros libros litúrgicos dicen. Somos orgullosos, egoístas, lujuriosos, perezosos, fríos de corazón, engañamos cada vez que podemos y la lista continua. Colectivamente, los americanos somos estamos en la punta (capstone) de la pirámide de este mundo mal repartido, abusivo y inhumano, en realidad no somos mejores que muchos que criticamos con regularidad, y que cumplen la función de hacernos sentir bien. Hemos invertido buen tiempo y educación y dinero en construir una justificación que nos permita vivir, una justificación que nos proteja del azote de Jesús. Pero, es en estos momentos de auto-complacencia que la ira de Jesús nos desnuda y nos despierta de nuestro estupor pecaminoso.
Tal vez su perdón de nosotros podría provocar en nosotros, aunque sólo sea por un momento, la voluntad de preguntarnos a nosotros mismos de donde viene el orgullo desmedido con que consideramos a los demás, el espejismos de nuestra autonomía, nuestra autosuficiencia, la sutil auto-justificación. Tal vez , después de todo yo y tu, aun necesitemos de la gracia. ¿Podría ser que la cruz de Jesús es una indicación, de que la única y verdadera gracia es costosa y difícil de ganar ? Tal vez nosotros, con toda nuestra educación, avance tecnológico y recursos financieros, necesitemos de la misericordia de escuchar las duras palabras del amigo Jesús, sobre el horrible juicio de Dios, para así despertemos del estupor del pecado y reflexionemos sobre nuestras vidas y sobre nuestras muertes. Dios lo quiera.
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